3 Febrero 2007
¿A quién voy a esperar,
si alrededor de mis muñecas
se abrazan con insultos pretendientes
versos de catorce inacabados?
Con ese olor a boceto atormentado:
folleto de paleto y boina al ras,
como sacada de quicio.
Aquí, al final de la estacada me verás,
escribiendo
el prólogo a la prórroga de ti
-de mi contigo-,
con bufanda al cuello y nada
de un pretérito almenado,
de molinos castellanos
y ríos Guadalquivir y gitanillas
que sumadas en total no llegan a catorce.
Me condeno a solas y te escribo, lo juro,
sin veneno razonable.
Hacía tanto tiempo que no escribía por aquí. Vaya...
Pablo
servido por blogpolifonico
5 comentarios
compártelo
31 Diciembre 2006
Como un desfile de colosos, las luces de aquellos camiones movían sombras en los sueños de la habitación de Rosa, timbraban las últimas estrellas a la luz de cosas que pierden sentido y realidades. La niña se acurrucaba con fuerza y sentía que también se iba, la almohada amortiguaba los baches. Sólo una mano antes de partir, evitaba terminar el sueño en aquel vientre de nylon. “¿Se va con Gabino,yayo?” “¿Estabas despierta. No se pue vivi con este ruido por las mañanas”. Herrumbroso, cardenillo, su voz en mi piel “Ve con la yaya que no ha dormido bien, anda niña”.Un mar pierde a Rosa, sale la chiquilla rescatada entre sábanas blancas, varada, entre rocas, las manos de la anciana la hunden en la playa “Sal de aquí ahora mismo, corre, ¡tráeme la pastilla y un vaso de agua!”. Recuerdo ver al yayo con su prisión andante perderse entre retales, construcciones chirriantes e invitaciones a café. Rosa se apaga, un cigarro ,me mira. “Como odiaba quedarme con aquella puta vieja, como lo odiaba”. Nadie nos ve, pero todos están, la música suena y nadie oye, Rosa empieza a gesticular y todo el mundo cree que habla. “Como no cambies tu comportamiento te vas a llevar muchos disgustos, ¿me oyes?. Yo no me voy a la mierda”, en el suelo el agua, la pastilla y sobre la boca de Rosa, la bofetada de la abuela tapa la frase sin habla. “Lo haces siempre, y hoy te has llevao el bofetón”.
Era entonces cuando coleccionaba visones olvidadas, precedentes al silencio, como cosas especiales, un cristal emborronado y unos pájaros sostenidos juntos por sus picos. Sus miradas eran gotitas que chocaban unas con otras, sin miedo ,sin costelación. La chiquilla contemplaba la lluvia, sus ojos sin turno a veces se derretían. “Se ha pasao toda la mañana pegada a la ventana el demonio de niña” rezonga al abuelo su mujer. “Que tienes con tu abuela, niña, anoche os peleasteis y esta mañana te mandé para que te arreglaras, siempre a la gresca”. Para ella el patio era un bosques de celosías en el que podía perderse “Déjeme usted en paz”,le contestó al yayo. “¿Te gusta ver los pájaros, eh niña?, hoy todos estaban bebiendo en el río, y cuando se han despistao Joselito y yo ¡zas!” dijo el abuelo mientras se cambiaba de zapatos y dejaba la presa que llevaba en cada jaula. “Hoy hemos pillado 5, pero teníamo to el río pa nosotros, Joselito se ha quedao con tres, pero yo con los mejore” “Como no cambies tu comportamiento te vas a llevar muchos disgustos, niña” “Usted y la abuela se repiten más que el ajo” “Pues te lo vuelvo a decir, y te lo digo como me da la gana…¿Te enteras?”. La niña contempló con asco como el viejo mojaba con saliva sus verrugas. “¿Por qué hace eso?” “Para que se me caigan, esta mañana no he comio, y no me acordaba porque, y era pa esto. No me mire con esa cara de asco que me lo llevas viendo hace to la vida”. El pájaro se movía nervioso, cegado por un eclipse, como si embadurnarse de babas fuera algo premonitorio. “Así estará unos día, hasta que se le quite el azogue”. “Si los pájaros están aquí, abuelo, es por algo, siempre que se va usted a cazar vienen, aunque llueva”. El viejo fue colocando celdas encapuchadas entre las ramas de las celosías. “Si los bichardos estos vienen aquí niña, es que saben que cuando traigo pájaros hay comida”. “¿Qué vienen a picar yayo, las verrugas que se le caen?”. El viejo se quedó mirando con una risa extraña.
Como un preludio de aquella noche, los gigantes de su habitación se convirtieron en habitantes de Liliput e hicieron en sus ojos la guarida. Fue entonces cuando despertó la vecindad de mi sueño con sus manos, cerró mis ojos con sus palabras, con su asquerosa sed ahogó mi mirada relapsa. “Duerme niña, duerme, como si no estuviera el abuelo”, decía mientras arrancaba una a una las plumas de mi ensueño. Poco a poco el rocío se extendió por la almohada y la rapaz huye con la sangre de su víctima goteando en las garras. Es entonces, cuando el silencio ha ocupado su lugar, cuando los liliputienses son transparentes, cuando han sido saciados de lágrimas, es entonces que cubren a la niña con la manta azul del amanecer. Rosa esta mojada, de llanto, de pena, de asco, tiembla. Con paso lento se va a la ventana, en sus ojos un roce de aire de plata, un sueño que todavía no ha terminado. ¿Qué nos estás contando Rosa, hija?, ella bebe ,habla, bebe…En la misma posición que un coleóptero secciona el néctar de una flor, el ave le devora al pájaro sus entrañas. Su probóscide es un hilo de tripas, un cordón entre la vida y la muerte, que con el pico, el voraz depredador va acortando .Como un sacrificio esperado, sus patas se agarran a los barrotes a la llegada del último acto. La niña al otro lado de la ventana grita horrorizada, más atrás alza la voz el viejo “¡Un aguilancete, se me ha comido al pájaro un aguilancete!”. Las risas por fin la despiertan y así recordar para siempre. Mientras sube y baja el cubata le está dando patadas, maldiciéndolo con cada trago. “Niña, estás loca, vas a matar al abuelo, lo vas a matar …lo vas matar…” “…es el yayo”. Con estas palabras Rosa se desmaya. Ana la recoge, la mima, le pasa la mano por su hombro, le limpia los restos que las luces dejan en su mirada.“Lo he hecho antes, se donde vive, me la llevaré. Como tantas veces que recuerda el beso de los pájaros velaré por su sueño”.
Davichof
servido por blogpolifonico
5 comentarios
compártelo
17 Diciembre 2006
El arte de resumir en pocas palabras pensamientos sutiles y complejos ha tenido en las naciones de habla inglesa un gran desarrollo, que se ha transformado en el “boom” de los últimos años. Sin embargo, existen pocos estudios serios sobre el popular género del aforismo en su tradición anglosajona, como sí los ha habido a partir de los pensadores clásicos orientales.
Sir Korral Kool (Chichester, 1912-1987) ha sido uno de los exponentes más destacados, con más de 1200 aforismos publicados en “The Daily Muffin” y compilados en varios libros que aún hoy son grandes best sellers. Cobró fama rápidamente desde la primera frase publicada, con tan sólo 9 años:
“Sometimes a cloud is like a watering-can for heads.”
Si bien el sentido completo de esta sentencia no resulta traducible al idioma de Cervantes, podría llegar a entenderse como: “A veces una nube es como una regadera de cabezas”.
Luego de este temprano éxito, Kool se alejó de las letras por 20 años, reapareciendo en 1941 con otros aforismos de una gran fineza y una lucidez asombrosa. Un ejemplo destacado es:
“Spirit, like a good scone, can’t grow without the help of leaven.”
cuya traducción más lograda es mérito del autor rioplatense Javier Cloros:
“El espíritu, como una buena torta frita, no puede crecer sin la ayuda de la levadura”.
El estilo elíptico y enigmático de Kool ha hecho escuela en los círculos intelectuales de fines del siglo XX. J.D. Box (Omaha, Arkansas, 1954), su principal discípulo norteamericano, ha dicho de él:
“He was a great man, but, above all, he was a man.”
Esta declaración fue realizada por Box en el documental titulado “A great man”, una coproducción de ABC y BBC en homenaje al maestro. También fue incluida en el libro “What to say in a funeral”, del mismo autor, que logró vender 1,5 millones de ejemplares en su primera edición.
Por este y otros aforismos, J.D. Box se convirtió en una celebridad para el género, desarrollándolo hasta límites insospechados. Por ejemplo, conquistando el mercado publicitario con las ya clásicas frases que han sido slogans de la afamada marca de whisky “Johny Walter”. He aquí una de las más recordadas:
“Some people look both sides before crossing the street. Some people look just one side. And those who don’t look anywhere, may be run over by a truck.
Keep running.”
El Dr. Tom Tobias Brown (Waipahu, Hawaii, 1936-2002) cuestionó en reiteradas ocasiones la fidelidad de Box a la escuela kooleana, acusándolo de malversar la herencia intelectual de Kool, en pro de censurables intereses comerciales. Una de las más recordadas frases del Dr. Brown hace referencia, sutilmente, a este entredicho:
“Those who don’t claim for justice, shouldn’t complain when a puppy steals their scarves.”
El destino, sin embargo, le jugaría a Brown una mala pasada. Años más tarde, su encantadora máxima “Life has no sense without the smile of a cat” fue utilizada, sin su permiso, por una firma multinacional para su campaña publicitaria de alimento para mascotas. Horrorizado, Tom Tobias entabló una batalla judicial que luego perdería, quedando en bancarrota.
No volvió a componer aforismos hasta antes de morir. Con su aliento final, plasmó sobre una hoja su último y más popular proverbio:
“Oh, dear…”
A efectos de continuar con esta línea de investigación, se ruega a los polifónicos, adjuntar a este artículo todas aquellas sentencias que puedan pertenecer a la tradición del aforismo anglosajón contemporáneo. Desde ya, muchas gracias.
Gentilmente,
Rigoletto
servido por blogpolifonico
4 comentarios
compártelo
17 Diciembre 2006
Desde el arco de la tarde, la observo de espaldas en una silla. Continúa sentada mientras mi cigarrillo se consume en el hielo. Tiene puesta una ruana de lana verde, verde musgo como la piel que lleva adherida desde hace años. Sólo se percibe la punta de un pañuelo asomando apenas, del costado izquierdo, en la solapa del cuello de su camisa blanca y roja a cuadros. Lo único que se percibe es el movimiento de sus brazos, de sus codos. De espaldas, alza la mano derecha - lo único al desnudo de su piel - mientras habla con el hombre que la acompaña en la mesa. Por un instante, muestra su perfil derecho. Con pudor, se anima a mirar por la ventana. Tres mesas delante de la mía. Guarda su recato, su postura y escucha. Escucha hablar, mira cómo bebe un jugo de naranjas su compañero con anteojos. Continúa mostrando su perfil derecho.
La vida es oblicua, anodina, gris. No lo sabe, prefiere no saberlo. Se reclina sobre su espalda para observar un servilletero enrollado sobre la mesa. Lo mira con los ojos fríos, ausentes, como quien mira sin ver.
Se endereza en su silla, en su altura. Se pone de pie. Su mano derecha, en un gesto maquinal, describe el aburrimiento de la existencia. La costura de su abrigo en la espalda se mantiene, sobre la columna vertebral, cayendo torcida. Verde musgo es su costura. Está inmóvil. Casi igual que yo, excepto que mis costuras no saltan a la vista.
Rosa Roja, Córdoba, 05 de Agosto de 2003
servido por blogpolifonico
6 comentarios
compártelo
3 Diciembre 2006
Apenas un relato antiguo para compartir
"No era el fruto de los mundos ni de los soles que puedenverse relucir en los telescopios y placas sensibles de nuestros observatorios."
H.P. Lovecraft
A la memoria de N.D.
Había terminado de leerle el "El terrible anciano" de Lovecraft. Le gusta que le lea mientras permanecemos sentadas, frente a frente, tejiendo la noche.
Teníamos la piel y las miradas congeladas de terror. Se nos quebraba la respiración. Entonces, hicimos un paréntesis para servirnos otro vaso de cerveza.
Mientras bebíamos en la penumbra, el silencio se había convertido en el rey de la madrugada.
Cuando Lovecraft surtió efecto en el alcohol, comenzó a hablarme muy quedo, muy lento. Me contaba anécdotas de su niñez, allá lejos y hace tiempo, cuando se escapaba de la escuela, de algunas horas de clase.
-- ¿Sabes a dónde iba?, me preguntó.
-- Al cementerio - casi susurré con la voz entrecortada, pero con absoluta seguridad- Me lo habías dicho ya antes.
--Es cierto. Ya no lo recordaba... Ir al cementerio me encantaba...
-- ¿Y qué hacías allí?, pregunté algo estúpidamente.
-- Paseaba. Me gustaba mucho caminar por entre las tumbas. Había una quietud indescriptible, un silencio... (Hizo una pausa). Muchos dicen: "Yo ni en la paz del sepulcro, creo." Yo creía... Me encantaba el silencio. Caminaba en puntillas de pies, no quería ni respirar por eso.
Mis ojos observaban desorbitados, mis oídos hubieran preferido no tener tan buena audición en aquel instante. La contemplación global de la escena me resultaba pavorosa. Estaba con mis brazos fuertemente pegada al respaldo de la silla. Pero, el relato continuaba:
-- Ahora hace bastante que no voy. Después que ella murió espacié un poco las visitas. Pero, la recuerdo siempre, ¡siempre! Parece que eso no es bueno, pensar tanto en los muertos. Dicen que las almas necesitan despegar, lograr la paz que necesitan y que a los tres años ya es hora de dejarlas partir definitivamente. Y ya hace tres años que ella murió...
La última vez que fui a visitarla, hacía tanto que no iba que no recordaba demasiado bien donde estaba, pero me detuve a pocos pasos de la entrada, eché una mirada y enseguida me di cuenta cual era el camino. Dije: "es allá". Tenía puestas flores artificiales. ¡Ella las odiaba! Decía que eran eso, flores artificiales, flores muertas. A ella le gustaban las fresias. Por eso, yo le pongo rosas y fresias. Le llevo cigarrillos y caramelos "media hora".
Sus verdes ojos estaban muy lejos de su rostro, muy lejos de aquella habitación. Para cortar la mirada perdida y traerla nuevamente a su lugar de origen, le serví el resto de cerveza que quedaba en la botella.
-- Gracias, dijo.- Y sentí que mi propósito dio resultado.
-- ¿Te leo otro cuento?
-- Sí, me encanta que me leas.-- dijo ya con una sonrisa en los labios.
Su semblante era otro. Pero, una nostalgia infinita continuaba aún grabada a fuego en su rostro. Tomó mi mano izquierda y la cubrió de besos. Después, la cerró con la suya.
--Guardalos -dijo con una voz apenas perceptible que me conmovió muy íntimamente.-- Son besos locos. Se escapan. No conocen de prisión.Nada dije. A veces, las palabras no alcanzan. Siempre pensé que el idioma carece de palabras suficientes para describir todas las sensaciones que un ser humano es capaz de percibir.
-- Bueno, te voy a leer entonces... a ver... déjame ver... a ver... sí, éste: "Aire frío".
Y nos introducimos completamente en aquel cuento donde un hombre había muerto hacía dieciocho años y se mantenía vivo por congelación. Su mente cambió el rumbo de los pensamientos conducida por la mano de Lovecraft.
Al terminar de leer el cuento estábamos, otra vez, mirándonos frente a frente.
Me besó y escuché ruidos de pájaros extraños afuera. Me separé suavemente de su cuerpo y le pregunté, apenas con los sonidos que me quedaban claros todavía:
--¿Escuchas los pájaros? - le pregunté.
-- Son las cuatro de la madrugada. A esta hora no hay pájaros...
El pánico se apoderó de mí.
-- Por favor... ¿podríamos cerrar todas las ventanas antes de ir a dormir?
-- Sí, querida - dijo. Y agregó:
-- Somos mudos testigos de nuestros actos. No podemos hablar de nosotros mismos. Sólo estas cuatro paredes nos protegen de las miradas indiscretas.
Se dirigió a cerrar las ventanas de la enorme casa. Yo tenía la piel y la mirada congelada de terror y Lovecraft ya estaba dormido sobre la mesa.
Rosa Roja, 14 de Noviembre de 2000.
servido por blogpolifonico
8 comentarios
compártelo
20 Noviembre 2006
Se encontró recientemente, entre los arrugados papeles de Rigoletto, un curioso texto: "Variaciones sobre un tema de Matsuo Bashoo". Texto apócrifo, sin duda, los editores de El Jorobadito decidieron sacarlo a la luz, y quedaron sorprendido ante su inesperado éxito relativo. Con la esperanza de multiplicar semejante hazaña, y en honor al pobre Matsuo, a Mario Benedetti y a tantos amantes del haiku, proponemos celebrar el I Festival del haiku, invitando a todos los polifónicos a redactar, con sentido poético y aritmético al mismo tiempo, poemas formados por tres versos: el primero y el último de cinco sílabas, el intermedio de siete. A modo de ejemplo:
Me enmaraño en
negocios tales como
componer haikus.
Esperando el alumbramiento de haikus como chorizos, los saluda con cariño:
Rigoletto
servido por blogpolifonico
17 comentarios
compártelo
17 Noviembre 2006
Queridos polifónicos -polifónicas, más bien, por ganarnos en número-. Hace tiempo que no escribo por aquí, pero he seguido atento todos los relatos. Dan, claro está, para un volumen de lo más entretenido.
En fin, en este ratito libre, cuando casi ni se escuchan los segundos del reloj, os dejo otro poema.
Un abrazo enorme.
Falta un Domingo más
en el calendario y
otra película de vaqueros
a media tarde.
Faltan dos cafés y
los crucigramas
hechos;
las revistas
abiertas y
el cenicero lleno y
el gin-fizz con poca ginebra.
Pasa la vida y
todo
sucede entre nosotros.
Pablo.
servido por blogpolifonico
10 comentarios
compártelo
1 Noviembre 2006
Con la coliflor (de aquí en más denominada René a efectos político correctos de no discriminación sexual) en andas, las vaquitas se alejaron de la escena, sin saber muy bien para qué la/lo querían. Pero, convertidas por Marta en unas burdas cordobesas de sierra adentro, cultivaban el oficio del robo. Chorrear era su especialidad y, sabiendo que este cuento tiene amplias posibilidades de llegar a best seller, querían demostrar sus dotes y figurar en la tapa. No sólo eso, ante el éxito arrasador del cambio idiomático súbito, las vaquitas decidieron practicar otros giros más internacionales.
Jecomiendo seguij paja la izquierjda, dijo la más refinada.
Tener cuidadou, que el vegetal se mueve muchou, dijo la más imperialista.
Vegetalem, no jodem, carajem, dijo la más forajida.
La cuarta vaquita no dijo nada porque estaba en otra.
—Tenorio, vagoimierda, agarrá de aquilla punta ti digo, la concha e lalora, gritó la refinada, que cuando perdía los estribos, siempre volvía al cordobés de su sierra y puteaba como cualquier camionero en huelga.
No era para menos. La actitud de Tenorio, el único machito del grupo San Antonio, era bastante desubicada. El tipo no ayudaba a sostener. Parecía en las nubes. Tenía las antenas tiesas, muy tiesas, demasiado tiesas. Casi al palo…
—Está al palo il vago iste, che.
—Tenorio ¿ti parece bonito? En vei de ayudá, voi dale qui dale con la culiflor isa.
René, me llamo René, susurró el vegetal desde las alturas de la nube de Tenorio, con los ojos entrecerrados, la melena verde y la voz ronca de tanto tabaco. Hablaba entre fuertes gemidos carraspeados y cada tanto, se pasaba la lengua por los labios y pedía más, más, más, más, así, más, más, así, dale guacho, más…
Tenorio le daba a la antena, para arriba y para abajo, para arriba y para abajo, para arriba y para abajo. Y las otras vaquitas, entre indignadas y super calientes, corrían a todo vapor.
En realidad, pensándolo bien, el embarazo de René, que hasta entonces había sido hermafrodita, no representaba un acontecimiento desdeñable.
Laura
servido por blogpolifonico
13 comentarios
compártelo