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La Coctelera

31 Diciembre 2006

1- EL BESO DE LOS PÁJAROS

Como un desfile de colosos, las luces de aquellos camiones movían sombras en los sueños de la habitación de Rosa, timbraban las últimas estrellas a la luz de cosas que pierden sentido y realidades. La niña se acurrucaba con fuerza y sentía que también se iba, la almohada amortiguaba los baches. Sólo una mano antes de partir, evitaba terminar el sueño en aquel vientre de nylon. “¿Se va con Gabino,yayo?” “¿Estabas despierta. No se pue vivi con este ruido por las mañanas”. Herrumbroso, cardenillo, su voz en mi piel “Ve con la yaya que no ha dormido bien, anda niña”.Un mar pierde a Rosa, sale la chiquilla rescatada entre sábanas blancas, varada, entre rocas, las manos de la anciana la hunden en la playa “Sal de aquí ahora mismo, corre, ¡tráeme la pastilla y un vaso de agua!”. Recuerdo ver al yayo con su prisión andante perderse entre retales, construcciones chirriantes e invitaciones a café. Rosa se apaga, un cigarro ,me mira. “Como odiaba quedarme con aquella puta vieja, como lo odiaba”. Nadie nos ve, pero todos están, la música suena y nadie oye, Rosa empieza a gesticular y todo el mundo cree que habla. “Como no cambies tu comportamiento te vas a llevar muchos disgustos, ¿me oyes?. Yo no me voy a la mierda”, en el suelo el agua, la pastilla y sobre la boca de Rosa, la bofetada de la abuela tapa la frase sin habla. “Lo haces siempre, y hoy te has llevao el bofetón”.

Era entonces cuando coleccionaba visones olvidadas, precedentes al silencio, como cosas especiales, un cristal emborronado y unos pájaros sostenidos juntos por sus picos. Sus miradas eran gotitas que chocaban unas con otras, sin miedo ,sin costelación. La chiquilla contemplaba la lluvia, sus ojos sin turno a veces se derretían. “Se ha pasao toda la mañana pegada a la ventana el demonio de niña” rezonga al abuelo su mujer. “Que tienes con tu abuela, niña, anoche os peleasteis y esta mañana te mandé para que te arreglaras, siempre a la gresca”. Para ella el patio era un bosques de celosías en el que podía perderse “Déjeme usted en paz”,le contestó al yayo. “¿Te gusta ver los pájaros, eh niña?, hoy todos estaban bebiendo en el río, y cuando se han despistao Joselito y yo ¡zas!” dijo el abuelo mientras se cambiaba de zapatos y dejaba la presa que llevaba en cada jaula. “Hoy hemos pillado 5, pero teníamo to el río pa nosotros, Joselito se ha quedao con tres, pero yo con los mejore” “Como no cambies tu comportamiento te vas a llevar muchos disgustos, niña” “Usted y la abuela se repiten más que el ajo” “Pues te lo vuelvo a decir, y te lo digo como me da la gana…¿Te enteras?”. La niña contempló con asco como el viejo mojaba con saliva sus verrugas. “¿Por qué hace eso?” “Para que se me caigan, esta mañana no he comio, y no me acordaba porque, y era pa esto. No me mire con esa cara de asco que me lo llevas viendo hace to la vida”. El pájaro se movía nervioso, cegado por un eclipse, como si embadurnarse de babas fuera algo premonitorio. “Así estará unos día, hasta que se le quite el azogue”. “Si los pájaros están aquí, abuelo, es por algo, siempre que se va usted a cazar vienen, aunque llueva”. El viejo fue colocando celdas encapuchadas entre las ramas de las celosías. “Si los bichardos estos vienen aquí niña, es que saben que cuando traigo pájaros hay comida”. “¿Qué vienen a picar yayo, las verrugas que se le caen?”. El viejo se quedó mirando con una risa extraña.

Como un preludio de aquella noche, los gigantes de su habitación se convirtieron en habitantes de Liliput e hicieron en sus ojos la guarida. Fue entonces cuando despertó la vecindad de mi sueño con sus manos, cerró mis ojos con sus palabras, con su asquerosa sed ahogó mi mirada relapsa. “Duerme niña, duerme, como si no estuviera el abuelo”, decía mientras arrancaba una a una las plumas de mi ensueño. Poco a poco el rocío se extendió por la almohada y la rapaz huye con la sangre de su víctima goteando en las garras. Es entonces, cuando el silencio ha ocupado su lugar, cuando los liliputienses son transparentes, cuando han sido saciados de lágrimas, es entonces que cubren a la niña con la manta azul del amanecer. Rosa esta mojada, de llanto, de pena, de asco, tiembla. Con paso lento se va a la ventana, en sus ojos un roce de aire de plata, un sueño que todavía no ha terminado. ¿Qué nos estás contando Rosa, hija?, ella bebe ,habla, bebe…En la misma posición que un coleóptero secciona el néctar de una flor, el ave le devora al pájaro sus entrañas. Su probóscide es un hilo de tripas, un cordón entre la vida y la muerte, que con el pico, el voraz depredador va acortando .Como un sacrificio esperado, sus patas se agarran a los barrotes a la llegada del último acto. La niña al otro lado de la ventana grita horrorizada, más atrás alza la voz el viejo “¡Un aguilancete, se me ha comido al pájaro un aguilancete!”. Las risas por fin la despiertan y así recordar para siempre. Mientras sube y baja el cubata le está dando patadas, maldiciéndolo con cada trago. “Niña, estás loca, vas a matar al abuelo, lo vas a matar …lo vas matar…” “…es el yayo”. Con estas palabras Rosa se desmaya. Ana la recoge, la mima, le pasa la mano por su hombro, le limpia los restos que las luces dejan en su mirada.“Lo he hecho antes, se donde vive, me la llevaré. Como tantas veces que recuerda el beso de los pájaros velaré por su sueño”.

Davichof

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

marta drooker

marta drooker dijo

davichof: cielos, cielos, cielos. Voy a leerlo nuevamente. Una extraordinaria sorpresa, querido amigo!

9 Enero 2007 | 09:18 PM

isabelbarcelo

isabelbarcelo dijo

Un relato muy duro. Con una infancia así, no es extraña una madurez de horror, prolongación de horrores. Es malo el odio que se engendra en la niñez. Saludos muy cordiales.

10 Enero 2007 | 07:07 PM

Honey

Honey dijo

Davichof, me dejé el comentario... Leí el post el mismo día que lo escribiste, y dejé el comentario para un momento de mayor inspiración. Me encantó, me encantó. Me gustó tu cambio de tercio, tu ida a un lugar más personal.
Besos y enhorabuena.

14 Enero 2007 | 12:47 AM

Davichof

Davichof dijo

Muchas gracias a todas por vuestros comentarios. La verdad es que en la parte final me costó mucho encontrar la forma de narrarla, porque era describir algo muy duro, terrible, luego también me acordé de una anécdota :una mañana nos levantamos en mi casa y una rapaz estaba devorando un pájaro que teníamos, el pájaro estaba en una posición extraña, colgado de la parte de arriba mientras el cernícalo devorba a placer. Si se hubiera puesto en una esquina de la jaula, el ave no lo hubiera pillado. Pero cuando lo vi parecía como si se hubiera sacrificado, me chocó mucho aquello. Haber si me sale algo más alegre la próxima vez.

Marta, Isabel, Honey y Mariadelnorte, muchas gracias de verdad y un abrazo muy grande

20 Enero 2007 | 03:04 PM

marta drooker

marta drooker dijo

Cielos, Davi! Tu anécdota me dejó más impresionada de lo que estaba! De todos modos es interesante todo lo que nos dice sobre cómo una decisión define nuestra vida. Como el pájaro que quedó en el lugar más vulnerable.

23 Enero 2007 | 01:37 PM

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