UNA HISTORIA DEL TREN (PARTE II)
El muchacho miró el cristal, mientras la Sr. Honeychurch lo observaba, la timidez le hizo juntar puntos en la atmósfera de sílice. Tal y como hizo aquella mañana de octubre, mientras la furgoneta cargada gente le llevaba a los campos de lechuga.
Aquel día, el aire comenzaba a tener esa quietud que anticipa el frío, los tractores habían ordenado la tierra en mesas de arena y se preparaba un festín de colocar minúsculas plántulas. Cuando bajó de la furgoneta, algunos habían conseguido encontrar algunas maderas con las que hacer la mínima expresión de una hoguera en la que la voluntad y las palabras de ánimo calentaban más que el calor. El encargado Abraham ,engorrado hasta las orejas y una camiseta que le hacía bisera, lanzaba gritos aquellos que llevaban un rato trabajando “¡Sus voy a sacar el látigo un día de esto!” bramaba. Empezaba a clarear el día, cuando llegó aquel chaval en coche, se bajó y empezó a hablar con el encargado.
- Abraham, quedé contigo ayer.
- ¿Tú eres el que vas a medir la finca?.
- Si
La conversación era fría.
- ¿Hay alguien que sepa, los límites exactos?
- Lo se yo, pero no tengo tiempo esta mañana, tengo que hacer muchas cosas.
- Mira, he sacado una fotografía aérea de Internet, y he señalado el contorno del terreno según me dijeron, échale un vistazo, y si te parece bien ,me apaño solo.
Abraham cogió la foto y se sorprendió de mirarse a vista de pájaro: “Aquí está el cortijo del tío Paco, y aquí un vaguada”, “¿Esta bien lo señalado en rojo?” “Si”, “Bueno ,entonces lo único que necesito es alguien que me ayude a llevar el prisma”.
De pronto un Patrol, plateado de no se cuantos caballos, se paró en la cima de la finca, de sus ruedas brotaban varios arcoiris de tierra, que coyas iban rellenando de plántulas, a Abraham le faltó tiempo para soltar la foto. “Es el jefe, tenemos que hablar con él”. Cuando llegaron, les recibió un tipo gordo hablando por un movil oculto tras unas gafas de sol, el encargado era un manojo de nervios, conversaron unos segundos y se dirigió al muchacho. “¿Tu eres el que vas a medir el terreno?” “Yes very well” contestó, “¿Qué?” dijo el jefe interrumpiendo la conversación de móvil. “Que si, que soy yo”, rió el joven mirando a Abraham que le devolvía una cara de lechuza. “Abraham te lo ha explicado todo ¿no?” “Si, más o menos, no hay ningún problema”. Sin importarle la contestación, el dueño de los destinos de la gente de aquella comarca arrancó el coche y siguió con su móvil a paso lento.
Abraham se acercó a él y le indicó que le siguiera. “Te traigo a este, pero no sabe español” “Da igual, el lenguaje de los signos es internacional”, contestó el muchacho estrechándole la mano y presentándose. Al llegar a la finca, aquel chaval empezó a sacar un palo con un espejo. “Yo hablo español”, “Me lo imaginaba” “Con Abraham ,mejor hablar poco” “Creeme, con Abraham, lo mejor que nos puede pasar en nuestras vidas, es no haberlo conocido” “Grita mucho” “Es un gilipoyas...¡Ey,mira!, tenemos suerte, desde aquel cerro ,lo puedo ver todo, nos damos una vuelta, te digo los sitios donde te tienes que poner y en media hora hemos terminado”. El sol empezaba a tapar con su luz, los campos de brócolis que brotaban alrededor. Efectivamente en poco tiempo habían medido aquella tierra castigada por años de labranza u olvido.
“¿Tu no ser de aquí, verdad?". El muchacho negó con la cabeza y dijo de donde era. “Entonces somos los dos extranjeros” “Si, aquí en esta tierra, aunque viva a dos horas de donde nací me siento un extraño, de hecho este va a ser el último día de trabajo, esta semana termino, vuelvo a mi ciudad” “Yo también quiero irme, yo a Madrid y tu cerca del mar”. Al muchacho le hizo gracia, que huir de la vida que había llevado durante aquellos cuatro años, se pudiera resumir de aquella forma: “Si, vuelvo a vivir cerca del mar...” terminó diciendo medio en broma. “Me voy a Madrid, hoy”, “¿Hoy, ahora mismo?, se va a poner Abraham bueno, se le va a quedar la cara como un poema”.
Desvió sus ojos del cristal, mientras pensaba en que las vidas se cruzan, se juntan y que calladamente como en un libro de Auster, todos nos encontramos sin saberlo, sus pensamientos fueron interrumpidos...
Davichof

Somos diez, cien, mil... quién sabe. Lo importante es que somos más que dos. Como es un blog polifónico, al final de cada post se identificará el autor del texto ;-)








Srta Honeychurch dijo
Davichoff, estamos uno frente al otro en el tren y no nos hemos dado cuenta?????.
Bueno, he estado fuera el fin de semana sin conexion y acabo de llegar a casa y lo primero que he hecho ha sido mirar si había continuado la historia...es emocionante que empieza a adquirir vida propia!
Le intentaré dar al tarrito cuando esté más despejada!
A ver si se anima alguien más...
Besotes y gracias por continuar el experimento!!!
9 Octubre 2006 | 12:44 AM